La Huella Española en Alaska: Exploraciones y legado olvidado del siglo XVIII
¿Sabías que Alaska tuvo soberanía española? Analizamos las expediciones de 1790, la Crisis de Nutca y el legado de topónimos como Valdez y Córdova.
HISTORIAIMPERIO ESPAÑOL
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2/4/20261 min read


Alaska fue española. Y no es una curiosidad histórica. Es un hecho de soberanía estratégica. En el siglo XVIII, el Imperio español alcanzó su máxima expansión, levantando fortificaciones donde hoy solo se espera nieve. Fue la respuesta geopolítica a la amenaza rusa y británica en el Pacífico Norte.
Entre 1774 y 1790, las expediciones reales de Juan Pérez, Bruno de Hezeta y Bodega y Quadra cartografiaron lo desconocido.
Toma de posesión (1790): Puerto Córdova se formalizó bajo el nombre del Rey Carlos IV.
Fundación: Valdez nació en honor al ministro Antonio Valdés.
Infraestructura: Se realizaron estudios topográficos y se erigió el Fuerte San Miguel para consolidar el nodo defensivo.
LA CRISIS DE NUTCA.
El choque de imperios era inevitable. La tensión con Gran Bretaña en 1789 marcó el principio del repliegue.
Las convenciones: España permitió la navegación británica manteniendo una soberanía formal que el tiempo terminó por diluir.
Retirada: Se inició un repliegue progresivo hacia la Alta California.
EL CÓDIGO GENÉTICO DEL MAPA.
La soberanía se retiró, pero los datos permanecen. Alaska hoy habla un castellano mudo a través de sus mapas.
Topónimos: Valdez, Córdova y el Glaciar Malaspina son coordenadas de un imperio que llegó al borde del mundo.
Evidencia física: Diarios, cartas náuticas y vestigios arqueológicos conservan la huella hispánica en el hielo.
La arquitectura de nuestra historia es más extensa de lo que la memoria oficial registra. En Alaska, los nombres son la última fortaleza.
